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¿Alimentación consciente?

Atención plena o alimentación consciente (mindfulness) es y ha sido una técnica usada por siglos como una filosofía de vida para tratar trastornos como el estrés, ansiedad, compulsiones, problemas psicológicos y desatar las potencialidades del ser humano, desarrollando una autoconciencia emocional y mejorando el bienestar integral que incluye cuerpo-mente-espíritu.
A esta práctica también se le puede llamar mindfulness y se aplica también a la alimentación porque, además de consumir alimentos nutritivos, es importante ser consciente de la forma en la que comemos, a fin de disfrutar los alimentos y establecer una conexión armónica con la comida y de esta forma lograr ser razonables sin “comer por comer” y evitar llegar a los extremos que nos llevan a enfermedades como sobrepeso, obesidad y diabetes.
Comer conscientemente implica dar pequeños bocados, tomarte tu tiempo y apreciar cada sabor, consistencia, textura, sensación y aroma que nos aporta el alimento, al igual que las bebidas debemos dar pequeños sorbos, con el fin de convertir esta práctica en una experiencia, tomando el tiempo que sea necesario.
Actualmente la mayor parte de las personas comen de manera frenética y somos esclavos de realizar todo con prisa o de la enfermedad llamada “falta de tiempo”. Lo cual ocasiona que traguemos la comida sin ser verdaderamente conscientes de lo que llevamos a la boca. Este mal hábito genera un descontrol alimenticio ya que es muy difícil que notes que ya estás satisfecho si no le das la oportunidad a tu cuerpo de mandar al cerebro la información de que ya es suficiente comida. Además si comes aprisa vas a perder te del momento placentero y la bendición de poder alimentarte.
Para esto ahora vamos con la relación del cerebro con el estómago, para alojar una gran cantidad de comida el estómago tiene que dilatarse, partiendo del tamaño de un puño hasta convertirse en un recipiente con una capacidad de cerca de dos litros.
Solíamos pensar que los músculos receptores en el estómago le decían al cerebro cuándo estaba lleno para que dejáramos de comer. Pero parece ser que las señales de hambre producidas por el estómago son más sofisticadas que eso. Podríamos pensar que reduciendo el tamaño del estómago (por medio de cirugía) sería suficiente para resolver este problema, ya que cuanto más pequeño es el estómago, comeremos menos.
Realmente tiene que ver con las hormonas como la grelina, una hormona que parece jugar un rol crucial en provocarnos la sensación de hambre, cuando comemos, la comida tarda 20 minutos para ir del estómago al íleon, causando la liberación de esta hormona que le dice al cerebro estoy lleno. Por ese motivo es mejor comer despacio, así le damos la oportunidad al estómago de avisarle al cerebro que ya está satisfecho y evitar sentirnos no tan ligeros
Se suele pensar que el cerebro regula nuestro proceso de toma de decisiones, pero con operaciones como ésta queda claro que nuestro sistema digestivo afecta profundamente la forma en que nos comportamos. Como por ejemplo el famoso “mal del puerco”, que se refiere a cuando comemos mucho y tenemos ganas de acostarnos en la cama a descansar es porque un tercio de nuestro flujo sanguíneo ha sido desviado al estómago para permitirle hacer su trabajo vital.
Hacer mindfulness funciona para regalarte un momento de tranquilidad y generar un ambiente agradable a la hora de comer. Se recomienda apagar el televisor o computadora y dejar cualquier otra cosa que estés haciendo que no tenga que ver con el acto de comer. Luego cuando estés frente a tu comida inspira profundamente por tu nariz y expira por la boca unas cuantas veces y abre tu consciencia.
En lo personal aprendí y me gusta realizar una breve meditación de agradecimiento por tener la dicha de contar con comida apetitosa y nutritiva y porque tengo la capacidad de disfrutar cada bocado con todos tus sentidos. Es muy recomendable para darle un giro y poner atención sobre lo que se dará a continuación.
Come lentamente, masticando muchas veces cada bocado y pasándolo por toda la superficie de tu boca, mientras haces esto deja los cubiertos sobre tu plato o mesa. No tomes un nuevo bocado hasta que termines el primero y hayas respirado profundamente. Haz muchas pausas mientras disfrutas los alimentos y haz más intensas las sensaciones que tu cuerpo está experimentando. Este es el primer paso para educar a tu paladar.

Recomendaciones para comer conscientemente
  1. Come con gratitud
  2. Involucra todos tus sentidos
  3. Sírvete pequeñas raciones
  4. Haz pequeños bocados
  5. Mastica meticulosamente
  6. Come lentamente
  7. No te saltes comidas
  8. Bebe suficiente agua
  9. Incorpora verduras
  10. Come frutas como postre
Escala de Hambre y Satisfacción

Comienza en el estado de hambruna y termina cuando no es posible seguir comiendo físicamente. ¿En cuál punto te encuentras frecuentemente?

  1. Físicamente débil
  2. Voraz
  3. Bastante hambre
  4. Un poco de hambre
  5. Neutral
  6. Confortablemente satisfecho
  7. Lleno
  8. Relleno
  9. Hinchado
  10. Nauseabundo

Definitivamente el Hambre – Saciedad se pueden experimentar en un rango muy amplio. La importancia de reconocer cuando estás en un punto neutral o confortablemente satisfecho es de vital importancia para perder peso y mantenerte saludable. Recomiendo que no pases al nivel 7 en adelante ya que un pilar importante en la pérdida de peso, es la disminución de las calorías que comes. Si te mantienes en la escala de 5 y 6 será muy sencillo alcanzar tus objetivos.
Por eso la importancia de hacer 5 comidas en tu día, claro que la proporción varía, no dejes muchas horas sin comer. La falta de alimento poco a poco hará que de estar en un estado neutral vayas pasando a estados de bastante hambre, hambriento o incluso puedes empezar a notar debilidad y falta de concentración. No dejes pasar nunca más de 5 horas sin comer pues entre más tiempo pase te sentarás a la mesa hambriento y no con apetito y te será más difícil controlar la velocidad a la que comes y la cantidad de comida que ingieres.

“Prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar”.

Este tipo de atención nos permite aprender a relacionarnos de forma directa con aquello que está ocurriendo en nuestra vida, aquí y ahora, en el momento presente. Es una forma de tomar conciencia de nuestra realidad, dándonos la oportunidad de trabajar concientemente con nuestro estrés, dolor, enfermedad, pérdida o con los desafíos de nuestra vida. En contraposición, una vida en la que no ponemos atención, en la que nos encontramos más preocupados por lo que ocurrió o por lo que aún no ha ocurrido, nos conduce al descuido, el olvido y al aislamiento, reaccionando de manera automática y desadaptativa.
Practicando la atención plena desarrollamos una mayor capacidad de discernimiento y de compasión. La práctica de esta atención abre la puerta hacia nuevas posibilidades, nos trae al aquí y al ahora, nos invita a vivir una vida de manera plena y en el presente. ¡Lo mejor es que puedes aplicar este método hasta para dormir!
 
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