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Cuando nuestros padres envejecen: una prueba de amor

Nos cuesta trabajo aceptar cuando nuestross padres envejecen; o ya se han ido de vuelta a las estrellas… y la expresión del amor se pone a prueba.

Simplemente han sido los primeros amores de tu vida; nuestros héroes, nuestras heroínas. A través de ellos conocimos el mundo de las formas que tuvieron a la mano para mostrárnoslo.
De sus semillas, hemos germinado y bajo sus cuidados, dormimos tranquilos; nos recuperamos de enfermedades y dimos los primeros pasos.
Han sido los testigos y catalizadores de las primeras sonrisas y llantos. Es casi imposible detener las lágrimas cuando pensamos en eso mientras vemos que nuestros padres envejecen.
Cuando se han ido de vuelta a las estrellas, nuevas formas de amor se presentan.

Todo empieza con algunas olvidos, un caminar más lento; la repetición constante de historias… “qué dijiste?… es que no te escucho bien”.

La impotencia se acentúa cuando tu presencia y cuidados hacia ellos te demandan más. Las necedades, caprichos y hasta berrinches, ahora vienen de vuelta. ¿Cómo lo vives?.
Necesitamos sintonizarnos en el lenguaje del alma para abordar esto con amor. En Transpersonal toqué este tema el viernes pasado, desde la psico-espiritualidad, como es acostumbre.

Es curioso cómo la observación de la naturaleza nos regala incondicionalmente, las analogías más amorosas.

Estamos en pleno otoño (a unas semanas del invierno). No nos extraña ver la muerte paulatina de la naturaleza que da paso a un renacimiento eventual en primavera. No nos es ajeno sentir ese frío característico de la temporada.
Sin embargo, esta etapa de cada año de la vida, nos genera una necesidad de recogimiento, de introspección, melancolía y nostalgia.
Cuando el año envejece es cuando nuestros padres envejecen. Con las respectivas dimensiones, la crisis llega y nos invita a soltarnos ante la sensación de muerte y renacimiento.

Esa follaje joven, fértil y abundante, se seca, palidece y escasea… igual que sus rostros.

Son de lo mas común las reacciones de enojo, irritación e intransigencia con ellos. Es algo que va más allá de que “sean una carga” o una nueva responsabilidad. Una responsabilidad para la que no estamos y no queremos estar listos.
Simplemente la vida nos los convierte de nuevo en bebés:
Reducen talla, disminuye vista, audición, fuerza, equilibrio, metabolismo, defensas. La opción alimenticia se reduce, incluso vuelve el uso del pañal, vaya… toda una ironía.
Desde lo Transpersonal, somos bienvenidos a observar cómo es que cuando nuestros padres envejecen; no están haciendo más que entrar a un momento en el que el cuerpo cumple un ciclo.
Un momento que podemos observar como nuestro futuro. Un momento en el que es necesario morir de cierta forma, para renacer.
Cuando nuestros padres envejecen es un recibimiento con los brazos abiertos para relacionarnos con el mundo intangible.
Pone a prueba nuestra disposición a empoderar un lazo más allá de lo carnal. Una oportunidad para darnos con todo a la relación con el alma. Un reto para aprender a relacionarnos con la espiritualidad; y esto va más allá de “si crees o no”, puesto que será la única opción (si decides tomarla).

¿Por qué duele?, Porque es una pérdida de algo de la forma en la que lo veníamos conociendo.

Duele porque nuestra capacidad de intimar de forma espiritual con lo que deja su cuerpo físico; está dispuesta a salir de nosotros así sea atravesándonos.
Lo que duele entonces, es la resistencia a tomar esa única opción; la resistencia a adaptarnos de esa manera. Aunque también podemos adaptarnos a la pérdida física de nuestros padres, con un luto permanente.
Observar cuando nuestros padres envejecen, es ser testigos de la cercanía de ese instante.
Observar el otoñó que antecede al invierno donde parece que todo es ausente en medio del frío.

Presenciar la transición entre el lapso en que sus almas experimentaron vida física, para después “volver a las estrellas”.

“Volver a las estrellas” es un decir de aquella experiencia de volver a la vida de una forma desconocida para nosotros; una forma nueva… diferente.
Como hemos comentado en Transpersonal, a eso nuevo y diferente le tenemos miedo. Y cuando tenemos miedo podemos ser groseros, violentos e irritables.
Pero ellos han sido y serán siempre nuestros padres. Ellos dieron su energía, su placer, amor y consciencia sin condiciones. Todo para recibirnos de la forma en que nosotros los despedimos de esta forma de vida:
Arrugados, sin caminar, en pañales, necesitando ser alimentados, indefensos, vulnerables y frágiles.
Pero al mismo tiempo, bebés o ancianos, estamos llenos de vida, pero en diferentes formas.
Formas que debemos de atravesar por el punto en el que el dolor y el amor se unen. Se unen por la pérdida y la esperanza; la despedida y la bienvenida.
Aceptemos estas maneras de relacionarnos con lo que sentimos cuando nuestros padres envejecen, o se han ido de vuelta las estrellas.
Porque todo es un espejo y somos testigos de un proceso que habremos de vivir, para morir… y seguir viviendo.
Yo soy Jaime Lugo, terapeuta emocional y te escribo al tiempo que te abrazo.
Tenemos un cita en mi programa Transpersonal, todos los viernes a las 11am por 8 y media.
Te espero en terapia individual si quieres ahondar en tu proceso personal.
Te invito al taller “RENACER: el lenguaje del alma, para cerrar el ciclo de fin de año y abrir espacio a lo nuevo” el próximo sábado 16 de diciembre en la ciudad de México. Estaremos hablando del manejo emocional, meditaremos y aprenderemos de psico-espiritualidad.
Puedes encontrar todos los informes en mi página: www.jaimelugo.com /Tel. 55 1818 8187
Si deseas checar el podcast del programa entra AQUÍ.
Facebook: Terapia Transpersonal Jaime Lugo
Un abrazo desde el alma…


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